El vermut dorado no lleva caramelo y obtiene su color de los botánicos y la mistela envejecida, con un perfil claramente amargo. Algunos de los botánicos que encontramos en su fórmula son la quina, la genciana, la piel de naranja, el romero o el tomillo.
El vermut blanco tampoco lleva caramelo y presenta un carácter más aromático y dulce. En su fórmula están el anís estrellado, la marialuisa, el hibisco, la piel de limón, la vainilla, la angélica o la manzanilla.
En cuanto al vermut rojo se distingue por su perfil especiado y cálido, marcado por botánicos como canela, clavo, piel de naranja, orégano o cardamomo. Su color viene dado por el caramelo añadido.